Criar es difícil, lo sabemos. No es un punto en discusión. Sabemos lo que cuesta, porque lo vivimos a diario, inmersos en la ardua tarea de sembrar amor, paciencia, bondad en nuestra descendencia.

Si miramos atrás, nos encontramos con otra forma de criar que puede no gustarnos, pero que existió y no se puede negar, tampoco juzgar. ¿Quiénes somos para levantar el dedo acusador a quienes intentaron hacer lo mejor que podían con lo que sabían o tenían? 

Sin embargo, sucede. Juzgamos. Pero intentamos diferenciarnos y ser mejores, aprender de los errores ajenos, cambiar, mejorar, y en el proceso, sentirnos un poco menos culpables de todo lo que siempre se les suele reprochar a los padres. Pero no, no sucede así. 

Criamos, amamos, sentimos y en el camino, aun antes de que nuestro pequeño retoño dé sus primeros pasos, la culpa aparece para rodear la existencia familiar. Nos asustamos, no queremos que se quede, pero así como un ave que construye su nido en un árbol, la culpa se instala en nuestras mentes y corazones. “Culpa, culpa”… qué palabra tan fea en verdad. No me representa, y aun así sé que lucho contra ella y, a veces, me derriba.

Aunque deseamos negarlo, nos sentimos culpables todo el tiempo. Culpables de amar, hasta sobreproteger y no brindar autonomía. Culpables de no saber administrar el tiempo, para poder entregarlo sin restricción alguna ante el mínimo pedido. Culpables de ser profesionales, que necesitan tiempo para desarrollarse y crecer. Culpables de sentir enojo, frustración y miedo. Culpables de no entender si estamos haciendo bien o mal, si lo que estamos sembrando dará el fruto que anhelamos. Culpables, cargando culpas antiguas: de nuestra propia niñez, de una adolescencia llena de inseguridades, de una adultez que intenta equilibrar responsabilidades.

Mientras escribo, mis pensamientos y emociones se unen, y siento cómo se acelera mi corazón cada vez que escucho consejos, ideas o fórmulas genéricas que, en lugar de brindar empatía y validación, solo suman piedras a la pesada mochila que llevamos a cuestas.

Veo madres agotadas de tanto llorar por dentro. Algunas con sonrisas entre dientes, ahogadas, sin fuerzas. Madres que sienten que nada de lo que hacen es suficiente. Madres, como yo, cansadas del dedo acusador que marca cada fallo.

Mi corazón se desacelera cuando por fin mi alma encuentra aliento. Y es en la Palabra de Dios que hallo el refugio que me brinda verdadero ánimo. Tomo mi Biblia y con ansias recorro las páginas hasta llegar al final de proverbios, al momento exacto en el que se nos habla de una —mujer virtuosa—, que cuida, protege, trabaja y ama. Una mujer que no se abruma ante las responsabilidades, que se organiza, que resuelve y que no se deja intimidar por los halagos o críticas, porque su fundamento es Dios mismo, de Quien viene su fortaleza, sus dones y su aprobación. 

Y finalmente caigo en la cuenta de que no necesitamos más consejos, necesitamos abrazos, palabras de afirmación, e incluso silencios. Necesitamos recuperar nuestro rol desde el amor y no la perfección. Anhelamos criar sin sentirnos juzgadas, señaladas o menospreciadas. 

Necesitamos una tribu que camine a nuestro lado, pero también faros que, desde mas adelante, iluminen el sendero con la luz de sus experiencias. Necesitamos personas que sientan lo mismo y que, juntos, nos impulsemos a criar con respeto, amor y, sobre todo, sin culpa. No es un sueño ingenuo anhelarlo: es un horizonte posible si cada uno deposita su granito de arena en este vasto océano llamado crianza.

Cierro mi Biblia. Cierro mi día. Ya no con esa culpa impuesta de afuera, sino con esperanza, con la mirada puesta en Aquél que me dio este hermoso rol y Quién es mi modelo, mi faro, mi norte. La culpa se silencia para dar lugar a la fe y al amor. La culpa se retira, para por fin, dejarme disfrutar de ser mamá.

Colega, si necesitas ayuda con este u otros temas, aquí estoy para acompañarte a transitar tu vida, con menos culpa y más plenitud. ¿Te animás a empezar? ¡Déjame ser tu compañera de ruta en este viaje! Conozco el camino y estoy segura de que puedo ayudarte. Dale clic al siguiente enlace para comenzar tu proceso:

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