
Este año me prometí a mi misma ser constante en la escritura de los artículos para el blog. Mi meta: una entrada mensual. Sin embargo, los meses pasaron tan rápido que al darme cuenta, muchas entradas quedaron en el camino, así como también algunas metas más. ¡Pero no todo está perdido! Siempre podemos avanzar un poquito más, mientras todo alrededor sigue girando sin parar.
El tema que me convoca hoy lo titulé “Como equilibrar tus roles sin agotarte en el intento”. Difícil, ¿no? Hasta puede parecer imposible. Estamos tan atrapados en la carrera del tiempo, de las redes sociales, de las actividades, que pensar realmente en la palabra “equilibrio” puede costarnos unas cuantas neuronas.
Existen algunos interrogantes que ocupan mi pensamiento en la actualidad, y son: ¿Cómo actuar cuando las obligaciones colapsan nuestra agenda? ¿De qué manera sobrevivimos emocionalmente cuando las cargas, no solo propias sino de los otros también, pesan en nuestras espaldas? ¿Cómo responder al aparente desinterés de aquellos que están cerca? ¿Qué esperar de las personas y de las situaciones? ¿Qué expectativas debo erradicar de mi vida? Etc, etc, etc.
Si alguien pudiera ilustrar mi mente en estos momentos se vería como una gran nube llena de incertidumbre. Las palabras sobran cuando el sentimiento invade. Lento, letal, profundo. Pero no me dejo vencer, sigo buscando respuestas, que me ayuden a transitar mejor los roles que en este tiempo me toca interpretar.
Volviendo a las preguntas. No, no tengo respuestas para la mayoría de ellas. Sin embargo, puedo ver una luz de esperanza, al final del túnel. Y viene de la mano de la palabra “decisiones”. Eureka, eso, eso. Hay decisiones que puedo y debo tomar, que solo dependen de mi accionar. Esas decisiones están ligadas a la palabra “prioridades”. ¿Cuántas veces escuchamos sobre la importancia de colocar las prioridades en orden? Muchas, ¿verdad?. Pero esas palabras que oímos caen en saco roto si no las ponemos por obra. Si dejamos que solo suenen como una melodía bonita que inunda y hace eco en nuestras mentes.
Infinidad de veces en el día pienso: “No estoy llegando con todo”, y ese solo pensamiento termina por arruinar mis intentos de acción. ¡Cómo nos manipula nuestra propia mente! Es por eso que, en ocasiones, decido frenar, “pensar en lo que estoy pensando” y responder con la mayor claridad posible. Sí, me hago preguntas también. “¿Qué es ese -todo- para ti, Cintia?”. Y cuando empiezo a enumerar los ítems, me doy cuenta de que solo entran en una mano los grandes problemas que me aquejan. Aun así, sigo enumerando hasta usar las dos manos y repetir el proceso. Pero en el fondo, muy en el fondo, ese proceso me brinda enfoque. Porque es cuando comienzo a priorizar, quizás hasta inconscientemente.
Cuando los problemas, situaciones, relaciones, están en su orden exacto de prioridad, me gusta además hacer una lista inversa, de gratitud. ¿Cómo funciona? Es simple. Por cada motivo de preocupación, pienso tres ítems por los cuales estoy agradecida. Hay veces que las respuestas son muy fáciles, pero otras en las que debo bucear más profundo, porque me doy cuenta de que hay otros sentimientos que están empañando las decisiones. Y en este punto me gustaría decir: ¡Qué complejos somos los seres humanos! Nos encanta enredarnos en situaciones que podrían simplificarse de alguna u otra manera.
Mientras avanzo en la escritura, vuelvo sobre un concepto para decirte: Es entendible que no puedas no con todo. No tienes que poder con todo. No fuimos creados para transitar la vida en soledad. Es por eso que antes de irme y terminar esta entrada, quiero dejarte tres sugerencias para cuando te encuentres en momentos como los que te conté.
En primer lugar, vuelve a la Fuente. Mi fuente es Dios, Él me conoce y sabe por lo que estoy pasando. Sin embargo, a veces tardamos mucho en volver a conectarnos con Él, en leer Su Palabra, en sentir Su presencia. Nos sentimos solos, abandonados y sin fuerzas. ¡No pases un minuto más sin buscarlo! Él tiene algo para decirte.
En segundo lugar, rodéate de personas “Ancla”. ¿Cómo reconocer a esas personas en la vida? ¿Quiénes son esas personas? Antes de que desestimes este item, te animo a pensar en esas situaciones en las que te sentiste solo, derrotado, hace memoria: ¿Quién estuvo ahí? ¿Quién te mandó un mensaje o te llamó? ¿Acaso alguien cocinó para ti como muestra de su amor?, ¿Quién? Seguí pensando… O esa vez en la que creías que todo tu mundo se venía abajo, o que las estructuras efectivamente se derrumbaron, ¿quien te ayudó a ver con claridad que saldrías adelante?. Si se te vinieron caras, personas, nombres … esas son tus personas “Ancla”. Yo tengo las mías. Me atrevería a decir que son las mejores, pero no. Porque cada quien tiene a su alrededor a las personas que necesita, personas que son de bendición, de aliento y de ayuda.
Por último, te animo a mirar a tu alrededor, con detenimiento. Tú puedes ser una persona “Ancla” para alguien más. Pídele a Dios que Él sea quien te guíe. Tu vida puede inspirar, animar, y bendecir, aunque “no puedas con todo”, aunque sientas que siempre “te falta algo”, aunque tu cansancio no te deje ver más allá. Sé un “Ancla” de amor y realidad para alguien más. Alguien te necesita hoy.
De estos temas y muchos más, es que hablo en mi libro Bitácora del orden. Te animo a adquirir el tuyo para seguir buceando en tu interior. ¡Es una de las decisiones correctas que puedes tomar hoy!
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