
Cada familia es un mundo particular, no hay recetas mágicas ni manuales que nos garanticen el éxito de cada decisión en cuanto al orden y las rutinas. Sin embargo, sí existen recursos y herramientas que pueden hacernos la decisión más simple, el proceso menos complejo y los días más equilibrados.
Hay rutinas que toda persona necesita, aún más las mamás. Esas rutinas van desde el inicio del día hacia el final del mismo. Todo lo que sucede, desde que se sale de la cama hasta que se vuelve a ella, es importante y cuenta.
Por eso, en mi experiencia siendo mamá, quiero compartirte las 5 rutinas que aligeran mi día a día, que me enfocan, me ayudan y mantienen a raya la ansiedad. Sin más preámbulos, ellos son:
- Rutina de inicio del día: lo que se decide al inicio del día marca el ritmo de todo lo demás. Si tomas tu celular ni bien abres los ojos, lo más probable sea que tu energía descienda de manera abrupta. Te sugiero que tomes tu celular luego de ir al baño, desayunar y conectarte con tu día.
- Rutina de cuidado personal: es importante tener identificados nuestros tiempos de descanso, de ducha, de lectura o de ocio, para poder realizarlos. A veces no somos conscientes de la importancia de cuidar nuestro cuerpo y mente, con rutinas que le hagan bien; y nos dejamos llevar por el ritmo urgente de todo lo demás. Oblígate a frenar si crees que vas demasiado rápido o si estás funcionando en piloto automático. ¡Tu salud lo agradecerá!
- Rutina del hogar: cuando tenemos en claro cuáles son los espacios y las necesidades del hogar, podemos diagramar rutinas para que el día a día sea más llevadero. Tener una pizarra donde anotar los días y actividades a realizar en tu casa, puede servirte como puntapié inicial para que todos los miembros del hogar colaboren en mantener la limpieza y el orden.
- Rutina de conexión real: si no apartamos tiempo para las personas importantes de nuestra vida, el tiempo se esfumará en todo lo que parece urgente y que quizás sea trivial. Dedica tiempo especial a Dios por la mañana, conecta con tu cónyuge durante el día, aparta tiempo para jugar con tus pequeños, escuchar a tu adolescente, visitar alguna amiga en necesidad. No te cierres en tu agenda apretada, busca conexión real con las personas que suman valor a tu vida.
- Rutina de cierre del día: al finalizar la jornada, agradece. La gratitud es el remedio de la queja, por todo aquello que quisiste hacer y no pudiste. La gratitud te enfoca en lo que sí realizaste, en lo que terminaste, y en cómo lo disfrutaste. Cerrar tu día con alegría, agradeciendo a Dios, es la mejor manera de descansar y reponer la energía para el día siguiente que “traerá su propio afán”.
Algunas rutinas quizás te suenen familiares y otras no tanto. Lo importante es identificar aquellas que simplificarán tus días. No es necesario empezar todo al mismo tiempo. Si te abruma pensar en todo lo que “deberías” hacer, planifica empezar con una y cuando logres sostenerla, puedes ir agregando más. Lo importante a recordar es que, las rutinas forman parte de la disciplina personal por lo que pueden ser difíciles de iniciar, pero a largo plazo simplifican y ordenan tus días, aumentan tu calidad de vida y te brindan descanso mental. Es una manera de procurar el “auto-cuidado” para tí misma, ¡más necesario incluso que las mascarillas faciales o la manicuría!
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